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En busca de aguas y miradas cristalinas sobre el Mar Negro

por Iván
06/11/2012
en Grandes viajes
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En busca de aguas y miradas cristalinas sobre el Mar Negro

English translation by Google

Los que hemos crecido y soñado haciendo girar una bola del mundo o mirando los grandes espacios de un mapamundi siempre hemos visto dos grandes manchas azules entre Europa y Asia. El Mar Negro y Mar Caspio permanecen en la retina de los viajeros como dos enclaves enclaves legendarios a los que no se suele llegar todos los días . Viajes de antaño que nos llevan a recrear las grandes caravanas de la Ruta de la Seda uniendo puentes comerciales y culturales entre Oriente y Occidente. Todo en unas costas que durante mucho tiempo permanecieron cerradas al mundo occidental y que  siguen recordando aquel viejo Telón de Acero. 

Durante mi pasado viaje por los Fantasmas Balcánicos y El Tiempo de los Regalos tendría una primera toma de contacto con una de esos grandes espacios azules, se trataba de un Mar Negro que me iba a recibir en pleno mes de agosto y en las costas que bañan Bulgaria. Ese Black Sea es uno de esos enclaves que sigue sonando muy  lejano para el viajero occidental, sus desconocidas  orillas todavía huelen a Historia de aquellos  viejos imperios como el ruso y el otomano. A lo lejos incluso uno cree sentir el aroma de la cultura y el comercio que durante siglos llevo el progreso al tender puentes entre los pueblos de Europa y Asia.

La ciudad de Varna iba a ser el primer olor a mar que me iba a encontrar en el presente viaje, una ciudad que como tantas otras rugía en una frenética actividad estival motivada por turistas nacionales y extranjeros. El ronroneo del tren me llevaba desde Plovdiv en el centro del país a las aguas cristalinas de un enclave urbano que pese a ser agosto me permitiría por primera vez disfrutar las aguas del lejano mar. Un lento viaje en tren me había permitido atravesar una buena parte del país para ir sintiendo esa diversidad que tanto me ayuda a crecer y aprender.

Llegar a Varna me sorprendía con la plena oscuridad de una vetusta estación de tren que era salpicada por el incesante sonido de las gaviotas. Mi entrada en el Mar Negro fue acompañada por  el recibimiento de una de esas personas locales que en vetustas estaciones  buscan huéspedes entre aquellos viajeros que llegan desde lejos.

Así fue como llegué de noche a la ciudad , y tras negociar con aquella mujer búlgara  acabé durmiendo en  una habitación que resultó ser la vivienda que tenían unos trabajadores del aeropuerto de la ciudad. Miraba atrás con el sonido de las gaviotas y el inconfudible olor marino para ver como atrás quedaba los primeros días de viaje entre Sofia, Bansko y Plovdiv. Parecía que había sido ayer cuando salía de Madrid , por delante en el lejano horizonte podía viajar en el tiempo en busca de un viaje que me iba ayudar como pocos lo habían hecho con anterioridad.

De nuevo la intensa fascinación por llegar a un nuevo mar para ver esos horizontes de futuro en las costas que albergan ese infinito viajar del que nos hablaba Claudio Magris. Y es que en aquella lejana línea del horizonte fondea muchas veces el espacio necesario para reflexionar sobre nuestra vida, sobre lo que somos, lo que fuimos y quizá algun día seremos.

El cambio geopolítico y social en el antiguo Este de Europa está trayendo consigo una notable y fascinante transformación  socio-económica en gran cantidad de países. El lanzarse  de viaje por estos enclaves parece una aventura que se suma a una  infinidad de  lecciones sobre Historia y geopolítica. A lo lejos el mar sigue impasible como siempre ha sido, en sus orillas nuevas generaciones de jóvenes y adultos  disfrutan del placer  de sus aguas. Y mientras tanto con la  preciosa caída del sol me quedo petrificado  observando a unas abuelas que pierden sin mirada en el lejano horizonte. Pienso que quizá sus vidas están marcadas por aquellos viejos recuerdos de unos tiempos donde la vida fue muy diferente a lo que ahora ven.

Otro mar y otros mundos, las emociones desatadas son inmensas. Atardeceres que se van a replicar a lo largo de otros enclaves de ese Mar Negro del que apenas sabemos nada. Un Finisterre Oriental de la Europa que baña las costas haciéndonos partícipes de la aventura de viajar para aprender o de aprender viajando.

Barcos en el fondo del corazón y de los viejos libros, esos que nos han ayudado a soñar despierto  para desear partir en busca de otros mundos, gentes, culturas y conocimientos . Se va la luz de un nuevo día,  navegamos en busca de nuevas aguas y miradas cristalinas del fascinante mundo que abrazamos.

Hoy la cita es :  «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida» . Don Miguel de Cervantes Saavedra

Tags: BalcanesBulgariaMarViajes
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Iván

Viajero y lector que por vocación se convirtió en Ingeniero Agrónomo y que por un descuido se le ocurrió hacer un MBA. Mochilero inquieto y curioso que quiere seguir conociendo el mundo, sus gentes y culturas. Apasionado por la literatura de viajes y por la conexión entre el viaje y el humanismo. Creo en el viaje como forma de aprendizaje e investigo sobre ello de forma independiente y autodidacta.

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